Se hacía de noche en la ciudad,
el calor del verano ya llegaba,
Me deslumbró una especie de haz,
una luz, no se apagaba.
"El lucero del alba, viejo amigo",
quiso engañarme uno de esos cabrones.
"No lo creo, mi antiguo Cupido,
es la chica de ojos marrones."
Su corazón resonaba en mi pecho,
su pelo se enredaba en mis ojos,
debajo de aquel estrellado techo
ya no había nada que ganar.
Parecía perdida, sin control,
preguntando con bajo tono:
¿Dónde estás, inspiración?
¿Por qué a mí este abandono?
Sin ningún motivo ni razón,
sus ojos bajó, clavando en mí:
"¿Cómo lo haces, amor?
¿Cómo escribes el sentir?"
"Si quisieras, mi lucero de cera,
podrías escribir mejor que yo,
mejor que cualquiera,
mejor que el mismísimo Lope de Vega."
"Por favor, mi ensuciado futuro,
¿cuál es el secreto de Hades?"
Respondí sin pedir un duro:
"Lo único que no sabes es lo que no sabes que sabes"
Sin más que decir, he de acabar.
Amiga, sé que lo entenderás.
Sólo tú puedes hacerlo,
nadie más.
3:
Poema dedicado a la chica de ojos marrones.