La ciudad no conoció lluvia mayor,
que la que aquella noche vimos caer,
tan bonita de contemplar y de ver,
inerte y fría como el mejor crupier.
La oscuridad se cernía,
portando su negro manto,
sobre todos por igual.
Los paraguas no servían,
el cristal sudaba llanto,
seis de arena, una de cal.
Dos naipes sin castillo sobre la mesa
sollozaban escalera de color,
"esta mano ya está ganada, mi amor,"
dijo esa suerte que tan poco me besa.
Flop, turn, river; tres más dos,
un aguacero de cartas
inundó el tapete gris.
Un ateo reza a Dios:
"¡que la suerte tú repartas,
pero claro, solo a mí!"
"Ríndete al all in," me decía el corazón,
armado éste con cien palos y una pica.
Hoy es de cuatro hojas el trébol, mi chica,
un diamante en bruto espera, ¿por qué no?
Sin más espera, propongo:
"cartas arriba, chaval,
¿quieres saber la verdad?"
No encontré respuesta alguna,
sólo un trío perdedor
rendido a mi escalera de color.
3:
No hay comentarios:
Publicar un comentario