La otra noche en la capital estaba.
No sé si casualidad pudo ser,
pero entre Bad y Billie Jean pensé:
"¡Qué bien estar aquí!" ¡Yo disfrutaba!
Y es que en estos momentos, ya sabéis,
cualquier beso o caricia del destino
se agradece como chaqué de lino
en una tarde invernal fría y beis.
Es entonces cuando quiero decirme,
¡y decirte! No creas que te escapas:
¡que tenemos suerte! ¿Qué más pedirme?
Esa tristeza, ¿de dónde la sacas?
¿Cómo con esa hiel puedes venirme
aun con comida y casa que destacan?
"La cosa es quejarse", dio aquel, ese
que nos recuerda, noche y día,
que incluso Gustavo Adolfo medía,
a veces, un doce donde era trece.
Espero que no seas de esos, truhán,
de los que bueno tienen, malo inventan,
de los que "penas" ahogan en absenta,
pues les dejó fulanita de tal.
Mira a tu alrededor, ¡hazme el favor!
Estamos aquí, vivos, coleando,
aunque a veces se nos olvide, ¿no?
¡Mírame! Todavía escribo y canto.
Joven soy, sí, aún por obligación,
pero no por ello, no, hago un planto.
El caso es que quizás, solo quizás,
debamos levantar la vista al cielo,
mirar allí, lejos, lejos del suelo,
entornar los ojos y respirar.
Me refiero a cantar, querer, reír,
bailar, buscar, ver, ser, sentir, vivir,
besar, dar, creer, poder, ir, venir,
soñar contigo, no estar sin ti.
Ya resumiendo, ¿qué hora es ahora?
Uy, perdona, yo me tengo que ir.
Siento que sea repentino, me desazona.
A un jovial funeral he de asistir,
pues en 31-D nadie ignora
que este año tiene que morir.
3: