sábado, 12 de mayo de 2012

"Ha salido ya el tranvía".

La chica de aquel tranvía
enseñaba la tirilla del tanga.
Oí que le decía a mi utopía:
"quítamelo todo, anda".

A mi vera allí pasaba,
ella, mi novia clandestina.
Soledad, la llamaban,
los que el corazón libre tienen de espinas.

Paramos en la estación
de los besos perdidos en el camino.
Se subieron un par de cofrades,
de cofradía: el olvido

El maquinista lloraba.
"¿Qué pasa?", pregunté.
"Nada de nada, camarada,
eso es por lo que lloré".

Las ruedas rechinaban,
los lentos vagones se estremecían.
En su alma me parecía que sonaba
aquel famoso I will survive.

Nada tengo que perder,
nada tengo que ganar,
¿por qué estoy aquí, eh?
No lo sé, ¿acaso tú sí, Don Juan?

La experiencia me puede.
Los años y el alcohol, ya sabes, no perdonan.
¿Quién sabe? Puede que hoy sea martes y trece,
reza por ello, mi donna.

La salida me llama,
se acabó ya este vaivén,
se me ha hecho corto, lo confieso.
Habrá que volver, pues.




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