lunes, 31 de diciembre de 2012

Joviales funerales

La otra noche en la capital estaba.
No sé si casualidad pudo ser,
pero entre Bad y Billie Jean pensé:
"¡Qué bien estar aquí!" ¡Yo disfrutaba!

Y es que en estos momentos, ya sabéis,
cualquier beso o caricia del destino
se agradece como chaqué de lino
en una tarde invernal fría y beis.

Es entonces cuando quiero decirme,
¡y decirte! No creas que te escapas:
¡que tenemos suerte! ¿Qué más pedirme?

Esa tristeza, ¿de dónde la sacas?
¿Cómo con esa hiel puedes venirme
aun con comida y casa que destacan?

"La cosa es quejarse", dio aquel, ese
que nos recuerda, noche y día,
que incluso Gustavo Adolfo medía,
a veces, un doce donde era trece.

Espero que no seas de esos, truhán,
de los que bueno tienen, malo inventan,
de los que "penas" ahogan en absenta,
pues les dejó fulanita de tal.

Mira a tu alrededor, ¡hazme el favor!
Estamos aquí, vivos, coleando,
aunque a veces se nos olvide, ¿no?

¡Mírame! Todavía escribo y canto.
Joven soy, sí, aún por obligación,
pero no por ello, no, hago un planto.

El caso es que quizás, solo quizás,
debamos levantar la vista al cielo,
mirar allí, lejos, lejos del suelo,
entornar los ojos y respirar.

Me refiero a cantar, querer, reír,
bailar, buscar, ver, ser, sentir, vivir,
besar, dar, creer, poder, ir, venir,
soñar contigo, no estar sin ti.

Ya resumiendo, ¿qué hora es ahora?
Uy, perdona, yo me tengo que ir.
Siento que sea repentino, me desazona.

A un jovial funeral he de asistir,
pues en 31-D nadie ignora
que este año tiene que morir.

3:

jueves, 29 de noviembre de 2012

El nudo de un planteamiento sin desenlace

Cuando yo miré, ella no quería ver,
cuando la oía no quería escuchar,
besos malditos con sabor a sal,
una noche toqué su querer,
después desperté.

Siempre que la besé, yo no era su "él",
siempre que vino ella no era mi "tú",
quise cantar un "All I need is you",
y ni siquiera un "kiss me" logré,
yo me condené.

Ella es de mi edad, del barrio Soledad,
me quiere pero no sé cuánto,
sólo suelto llanto,
¡no sé ni lo qué es verdad!

Cuando fui a reaccionar, lejos estaba ya,
cuando volví, sus labios ya no encontré,
y no avisó, ni un simple "me mudé",
¿quién me lo iba a mí a contar?
¿San Pedro o San Juan?

Nunca dice "te quiero", lo tienes que saber,
nunca dirá lo que tú quieras oir,
olvídate de ella si quieres vivir;
es luchar en guerras sin poder
ganar o perder.

Ya no sé qué hacer, si olvidarla o querer,
a solas, los dos, una cena,
con un par de velas,
quizás un beso después.

Esta historia es así, ni principio ni fin,
el desenlace aún está por llegar,
¿el planteamiento? Nada hay que alegar,
este nudo empieza y acaba en ti,
tú eres mi botín.


3:






miércoles, 26 de septiembre de 2012

Lluvia y póquer.

La ciudad no conoció lluvia mayor,
que la que aquella noche vimos caer,
tan bonita de contemplar y de ver,
inerte y fría como el mejor crupier.

La oscuridad se cernía,
portando su negro manto,
sobre todos por igual.

Los paraguas no servían,
el cristal sudaba llanto,
seis de arena, una de cal.

Dos naipes sin castillo sobre la mesa
sollozaban escalera de color,
"esta mano ya está ganada, mi amor,"
dijo esa suerte que tan poco me besa.

Flop, turn, river; tres más dos,
un aguacero de cartas
inundó el tapete gris.

Un ateo reza a Dios:
"¡que la suerte tú repartas,
pero claro, solo a mí!"

"Ríndete al all in," me decía el corazón,
armado éste con cien palos y una pica.
Hoy es de cuatro hojas el trébol, mi chica,
un diamante en bruto espera, ¿por qué no?

Sin más espera, propongo:
"cartas arriba, chaval,
¿quieres saber la verdad?"

No encontré respuesta alguna,
sólo un trío perdedor
rendido a mi escalera de color.

3:

sábado, 7 de julio de 2012

La historia del amor sin sal.

Los árboles gritaban,
el aire susurraba,
y yo, sentado en mi silla,
esperaba, esperaba.

Estaba tranquilo, en paz,
pero su mero pensamiento
me hacía temblar, no miento.

Miraba perdido al horizonte,
y un tiempo que no tenía,
sin saberlo, lo perdía.

Mi mente me decía:
"puedes, confía".
Mi corazón cuchicheaba:
"hacerlo tendrías".

Aún recordaba a mi amiga
diciéndome (que no te extrañe):
"que la Fuerza te acompañe".

Todo, sí, se había calmado,
y aunque el peligro resisitía
las preocupaciones se morían.

Pero todo murió,
sin trampa ni cartón,
nada que ganar, ya,
nada que perder, no.

El billete era sólo de ida.
No hubo caricias clandestinas,
ni un beso de despedida.

Qué mas escribir, ahora,
que miro tus fotos cada hora,
que te escribo poesía cada día,
que tu mirada se fue en ese autobús.


3:

lunes, 4 de junio de 2012

La chica de ojos marrones.

Se hacía de noche en la ciudad,
el calor del verano ya llegaba,
Me deslumbró una especie de haz,
una luz, no se apagaba.

"El lucero del alba, viejo amigo",
quiso engañarme uno de esos cabrones.
"No lo creo, mi antiguo Cupido,
es la chica de ojos marrones."

Su corazón resonaba en mi pecho,
su pelo se enredaba en mis ojos,
debajo de aquel estrellado techo
ya no había nada que ganar.

Parecía perdida, sin control,
preguntando con bajo tono:
¿Dónde estás, inspiración?
¿Por qué a mí este abandono?

Sin ningún motivo ni razón,
sus ojos bajó, clavando en mí:
"¿Cómo lo haces, amor?
¿Cómo escribes el sentir?"

"Si quisieras, mi lucero de cera,
podrías escribir mejor que yo,
mejor que cualquiera,
mejor que el mismísimo Lope de Vega."

"Por favor, mi ensuciado futuro,
¿cuál es el secreto de Hades?"
Respondí sin pedir un duro:
"Lo único que no sabes es lo que no sabes que sabes"

Sin más que decir, he de acabar.
Amiga, sé que lo entenderás.
Sólo tú puedes hacerlo,
nadie más.


3:

Poema dedicado a la chica de ojos marrones.

sábado, 12 de mayo de 2012

"Ha salido ya el tranvía".

La chica de aquel tranvía
enseñaba la tirilla del tanga.
Oí que le decía a mi utopía:
"quítamelo todo, anda".

A mi vera allí pasaba,
ella, mi novia clandestina.
Soledad, la llamaban,
los que el corazón libre tienen de espinas.

Paramos en la estación
de los besos perdidos en el camino.
Se subieron un par de cofrades,
de cofradía: el olvido

El maquinista lloraba.
"¿Qué pasa?", pregunté.
"Nada de nada, camarada,
eso es por lo que lloré".

Las ruedas rechinaban,
los lentos vagones se estremecían.
En su alma me parecía que sonaba
aquel famoso I will survive.

Nada tengo que perder,
nada tengo que ganar,
¿por qué estoy aquí, eh?
No lo sé, ¿acaso tú sí, Don Juan?

La experiencia me puede.
Los años y el alcohol, ya sabes, no perdonan.
¿Quién sabe? Puede que hoy sea martes y trece,
reza por ello, mi donna.

La salida me llama,
se acabó ya este vaivén,
se me ha hecho corto, lo confieso.
Habrá que volver, pues.




3:

viernes, 4 de mayo de 2012

Espera inmortal.

Ya no pido nada,
ni relaciones de escalera gastada,
ni abrazos ahumados de falsas amadas.

Ya lo pido todo,
la falsa esperanza de nupcias con coro,
relaciones, ya sabes, "codo con codo".

Espera inmortal,
que me esfuma el alegre cantar,
que me despierta del "tal para cual".

Presión infundada de besos escasos,
estratos sin lluvia de amores de paso.

No quieras huir del gran nudo de amor,
que mantiene con vida tu llama interior,
que agudiza el ingenio al morir lo mejor,
que evitan los monjes de sagrado color.

Tortura ajada del retraso en los pagos,
cabrones que invierten la vida en sus tragos.

Aunque tarde en llegar el ansiado calor,
no desesperes, corazón de alcanfor,
que si algún día he de deberte un favor,
no tengas reparo en pedirme el colchón.

Ya no pido nada,
ni recuerdos de lisonjas ya mojadas,
ni abrigos de miradas de marca "Prada".

Ya lo pido todo,
el susurro de "a lo mejor de este modo",
la fórmula exacta del apego con yodo.

Espera inmortal,
que nos arranca la parte racional,
que nos da la vida, la muerte, la paz.


3:

lunes, 30 de abril de 2012

Noche de poesía.

Otra noche más,
de promesas de lunas con miel,
de borrachos, de presos, de hiel.

Otra noche más,
de amores muertos en el andén,
de escotes, sin adiós ni sostén.

Otra noche más,
de genios ahogados en alcohol,
de esperanzas que no ven el sol.

Ahórrate los recuerdos inmolados,
los rencores no borrados,
los reproches sin perdón.

Recuerda las sonrisas ya perdidas,
las miradas, las caídas,
el sudor en tu colchón.

Se acabó,
tu futuro, tu lamento,
tus enfados, tu "no miento",
tus "no sé" siendo "lo sé".

Ya murió,
mi paciencia, mi "te quiero",
mi "seguro", mi "sin peros",
mis favores sin favor.

Otra noche más,
de farolas de luz de papel,
de perros de collar cascabel.

Otra noche más,
de revolucionarios con causa,
de bebidas y bares sin pausa.

Otra noche más,
de amanecer, decía el vigía,
de versos, de estrofas, de poesía.

3: